La Chupeta

Aunque la chupeta es un objeto ampliamente conocido, su utilización continúa siendo motivo de controversia. Por esta razón, a los pediatras les corresponde informar a los papás sobre la evidencia disponible de los beneficios y perjuicios de su uso, para ayudarles a tomar sus propias decisiones.

Dentro de las ventajas del uso de la chupeta destaca su efecto tranquilizador. La acción de succionar es un reflejo que los recién nacidos adquieren mientras crecen y maduran dentro del útero materno, y que se prolonga durante los primeros meses de vida. No sólo les permite alimentarse, sino que también los tranquiliza y consuela. Por esto es que la chupeta le proporciona al bebé una sensación placentera y reconfortante e inclusive, la Academia Americana de Pediatría sugiere que ayuda a aliviar el dolor y prevenir la ansiedad cuando el niño se somete a un procedimiento doloroso; por ejemplo, la toma de una muestra de sangre o la aplicación de una vacuna, especialmente en los primeros seis meses de vida.  

Otra utilidad es su empleo en bebés prematuros, principalmente aquellos que pesan menos de 1.500 gramos cuando nacen. El reflejo de succión en estos niños es inmaduro, motivo por el cual inicialmente se alimentan mediante una sonda. La introducción de la chupeta les permite practicar el hábito de succión y esto facilita el desarrollo de esta función.  

Por otra parte, en el año 2005, la Academia Americana de Pediatría realizó una revisión extensa de la literatura y publicó unas normas que recomiendan el uso de la chupeta para evitar el riesgo del síndrome de muerte súbita infantil o muerte en cuna. La recomendación es que se use al inicio del sueño, tanto en las siestas como por la noche, aunque no se debe forzar su uso si el bebé la rechaza, o reinsertarla si ya está dormido y la botó. Los mecanismos que explican este efecto protector son aún desconocidos pero existen varias teorías. 

Además, quienes cuestionan su uso afirman que la lista de desventajas asociadas es bastante más larga, estudiada y validada que los efectos beneficiosos. Estas incluyen: 

 
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Interfiere negativamente en la lactancia materna

Durante la década de los noventas, la Organización Mundial de la Salud y la Iniciativa Hospitales Amigos del Niño desaconsejaron utilizar la chupeta en niños amamantados. Algunos investigadores proponen que al satisfacer la necesidad de succión con la chupeta, disminuye el tiempo de succión en el pecho de la madre ocasionando una reducción en la producción de leche lo que conduce a un cese precoz de la lactancia materna; otros sugieren que puede interferir en la adquisición de una técnica de amamantamiento adecuada, y por último, hay quienes especulan que más que la causa del problema, su uso puede reflejar la existencia de dificultades con la lactancia o de una escasa motivación para amamantar. 

Sin embargo, no todos los estudios confirman la asociación entre su empleo y la disminución del índice y duración de la lactancia materna. Por esta razón, en la actualidad, entidades como la Academia Americana de Pediatría o La Liga Internacional de la Leche recomiendan que si se realiza la introducción de la chupeta, se posponga hasta la edad de 1 mes en los niños alimentados al pecho, para lograr que la lactancia materna esté bien establecida. Asimismo, si su hijo quiere seguir succionando después de haber terminado de comer, la chupeta llenará esa necesidad pero no debe sustituir o retrasar la alimentación. Si su bebé tiene hambre y usted le ofrece la chupeta, es posible que se enoje y después le cueste alimentarlo. 


 
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Se asocia a problemas dentales

La succión de la chupeta o del dedo pulgar son hábitos que pueden causar deformidades de la boca o problemas en la mordida, especialmente si el niño pasa todo el día con la chupeta, o si la costumbre persiste después de los 4 años.

 

 
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Favorece la ocurrencia de infecciones en los oídos

El uso de la chupeta constituye un factor de riesgo para el desarrollo de otitis media o infección en los oídos; por ello su utilización se debe limitar o suspender en el segundo semestre de vida.  
 


En resumen, buena o mala, la decisión de utilizar la chupeta debe basarse en la evidencia científica, las novedades que surjan sobre el tema y aplicar un poco de lógica como padres. Además, poner en práctica las siguientes recomendaciones: 

 
  • La chupeta debe estar hecha de una sola pieza y tener una base lo suficientemente grande para impedir que todo el objeto entre en la boca del niño. Su forma y tamaño se escoje según la preferencia del bebé.

     
  • Las tetinas de los chupones no se deben usar como chupetas.

     
  • Límpiela con regularidad. Muchos estudios han demostrado que hongos o bacterias se pueden fijar a la chupeta, especialmente si es de látex. Durante los primeros 6 meses es mejor hervirla o esterilizarla por lo menos una vez al día; después es suficiente lavarla con frecuencia con agua y jabón, sobre todo si se cae al suelo.

     
  • No la endulze con miel o azúcar.

     
  • Para evitar accidentes, no la cuelgue del cuello o la muñeca de su hijo.